viernes, 30 de octubre de 2015

Tendencias

Desde hace aproximadamente dos décadas, el sistema internacional carece de un liderazgo y un conjunto de valores, o pilares fundamentales, que permitan identificar su orientación de fondo. Sin embargo, algunos procesos actuales permiten identificar tendencias que , de algún modo, anuncian la conformación futura de este sistema.

Estados Unidos ha dejado de ser un poder amenazante, dispuesto a intervenir –militarmente, o por otros medios– para hacer valer sus intereses o, supuestamente, reestablecer el orden. Sus recientes actitudes hacia Cuba e Irán, su reticente actitud ante la crisis Siria, o ante las acciones militares de Putin, son ejemplos de ello.

China ha mostrado signos constantes de occidentalización, para llamar de alguna manera a su notable evolución en lo doméstico y en sus relaciones con el mundo. China ha mostrado una prudencia permanente en los asuntos internacionales y ha evitado, en forma sistemática, que sus vinculaciones económicas con otros países impliquen una pretensión de condicionar sus políticas. En lo interno, China ha dado muestras crecientes de un espíritu modernizante, como el reciente anuncio de una flexibilización de la política del hijo único.

Al mismo tiempo, los avances hacia la integración económica de grandes bloques –silenciosos por largo tiempo, pero con hitos que los
hacen visibles cada tanto, como la reciente firma del Acuerdo de Asociación Transpacífica (TPP) entre Estados Unidos y once países del Pacífico y el Acuerdo de Inversiones y Comercio Trasatlántico (TTIP), entre EE.UU. y la Unión Europea– anuncian un rasgo fundamental del sistema internacional futuro.