El domingo 1ro. de noviembre , el Partido Justicia y Desarrollo (AKP)
del presidente turco Recep Tayyip Erdogan, ganó las elecciones por casi
el 50 % de los votos. Poco antes, el presidente había abandonado su
partido para poder ser elegido jefe de Estado. Pero al día siguiente de
la victoria sus voceros expresaron la voluntad de reformar la
Constitución para instaurar una presidencia con poder ejecutivo.
Con
317 escaños sobre 550, el AKP tiene ahora mayoría absoluta y, si bien
la cifra es menor que los dos tercios necesarios para reformar la
Constitución, hay sectores de la oposición favorables a la misma. En la
opinión pública y en círculos políticos, existe creciente temor a que la
reforma encierre intenciones autoritarias.
Los líderes
europeos son conscientes de ello, pero hoy ven a Recep Erdogan desde
otra perspectiva, centrada en el rol de Turquía en la crisis migratoria.
Por esto, Erdogan ha reclamado participar en las Cumbres europeas –un
paliativo a la frustración de Turquía por no haber ingresado aún a la
UE, no obstante ser Miembro de la OTAN.
La UE ya ha
anunciado que el presidente Turco será invitado a la Cumbre de finales
de noviembre y, previamente, los presidentes del Consejo Europeo y la
Comisión tienen prevista una reunión con
Erdogan en la cumbre del
G-20 que se realiza en la ciudad turca de Antalya. Por su parte, el
Ejecutivo comunitario anunció una primera aportación de 500 millones de
euros del total de 3.000 que reclama Turquía para hacer frente al flujo
de refugiados y comprometerse a frenar las salidas de sirios desde sus
costas. Turquía ha recibido 2,2 millones de migrantes desde que se
inició la guerra hace cinco años.
Mientras tanto, Suecia,
el país hasta ahora más abierto a los asilados, se ha sumado a Alemania
y Austria en el control de fronteras dentro del espacio de libre
circulación de Europa, los primeros controles desde que el sistema
Schengen entrara en vigor, en 1995. Eslovenia, ha empezado a construir
un muro de 2 metros en su frontera con Croacia y Austria está haciendo
lo propio en su frontera con Eslovenia.
Murallas,
subsidios, reformas constitucionales con visos de potencial
autoritarismo, todo parece valer en el sofisticado juego político de la
Unión Europea frente a las diversas crisis que la afectan.