El presunto atentado contra un avión ruso en la Península de Sinaí ha
despertado todas las alertas de la Unión Europea y otros países de la
región. Es cierto que la Península, puente entre Asia y África, es
escenario continuo de hechos de violencia. En ella operan diversos
grupos terroristas y la situación se ha agravado desde la caída del
presidente egipcio Mohamed Morsi en 2013. Pero hoy la sensación de
amenaza e inestabilidad crece día a día, por factores diversos que van
desde la situación en Libia hasta la guerra en Siria, con el creciente
poder y atractivo del Estado Islámico.
Francia ha
duplicado su despliegue contra este último y recientemente ha enviado un
portaviones. Estados Unidos ha decidido incrementar su presencia en
Siria y la OTAN, concentrada hasta hace poco en la frontera oriental por
temor a los movimientos de Rusia en territorio de Ucrania, ha decidido
movilizar numerosos efectivos y medios militares en lo que denomina su
“región Sur,” es decir, la costa mediterránea de Italia, Francia y
España.
En ese contexto, la ola migratoria desde Oriente
Medio es motivo de creciente preocupación para Europa. Esto se debe
tanto a consideraciones humanitarias e impacto social, como a cuestiones
vinculadas a la seguridad.
La UE prevé para el próximo
año un caudal de casi 3.000.000 de refugiados. Alemania organiza medios
diversos para hacer frente a este desafío. Por una parte, pueblos y
ciudades pequeñas, se preparan para recibir contingentes de refugiados
que en algunos casos igualan o duplican su población. Por otra parte, el
gobierno alemán prepara centros de “internación” con el propósito de
contener transitoriamente a los inmigrantes y, en los casos que existan
sospechas acerca de su potencial peligrosidad, deportarlos a su país de
origen.
En forma creciente, la derecha en casi todos los
países de Europa alberga partidos racistas que promueven el llamado
“euroescepticismo,” cuyo poder electoral aumenta día a día. El propio
Nicolás Sarkozy, candidato a reconquistar la presidencia de Francia en
2017, acaba de presentar un paquete de medidas extremadamente severas
para hacer frente al terrorismo, que invitan a preguntarnos cómo se
identifica en ese mensaje la sutil diferencia entre refugiados y
presuntos terroristas.