viernes, 29 de abril de 2016

América Latina no crecerá en 2016

El crecimiento económico de nuestra región será “nulo” (sic) a lo largo de este año, luego de una contracción del 0,9% en 2015, según un informe reciente del Banco Mundial. La estimación prevista originalmente para 2016 era un modesto crecimiento del 1,5%. Pero el mencionado informe, coincidente con datos que el FMI publicará en pocos días, rebaja la previsión prácticamente a “cero”, con un impacto en el crecimiento global que se ve reducido al 2,9% por el impacto de la crisis de las economías “emergentes”, según el léxico de estos Organismos.

El FMI prevé un segundo año de recesión para Brasil -que se contrajo un 3,7% en 2015- con una caída del 3,8% de su PBI en el año en curso y, según las proyecciones actuales una recuperación del 1,4% en 2017.

Si bien ambos Organismos atribuyen la contracción de la economía global a un conjunto de factores, la crisis de la economía Brasileña es colocada en primer plano, junto con su impacto negativo en el crecimiento de las economías de nuestra región.

Al respecto, también deben tomarse en cuenta factores tales como la crisis de Venezuela, el impacto de la caída de los precios internacionales de la energía y las materias primas y el endurecimiento de las condiciones financieras para el acceso al crédito por parte de las economías más débiles.

A su vez, en lo que hace a la contracción de la economía brasileña, bautizada como la “peor recesión del siglo”, los análisis la atribuyen no sólo a la crisis política en que se encuentra involucrada la presidenta Dilma Rouseff sino también a factores macroeconómicos como, por ejemplo, el nivel de la deuda pública de Brasil, que en 2015 alcanzó el 73,7% del PIB. Pero, no obstante alguna pretensión diplomática, resulta difícil disimular en estas apreciaciones la tendencia a poner el foco en el actual proceso de “impeachment” de la presidenta Dilma Rousseff, que puede conducir a que el Senado brasileño la aparte de sus funciones por un período máximo de 180 días hasta que sus miembros concluyan el proceso de decisión.

lunes, 18 de abril de 2016

Incertidumbre y frustraciones internacionales

Hace ya mucho tiempo que no sabemos hacia dónde vamos. Las grandes guerra y el peligro de un holocausto nuclear han dejado de ser una amenaza para la humanidad. Estados Unidos ha dejado de ser un poder que impone su voluntad a cualquier precio. Los derechos humanos, la democracia, el respeto de la igualdad de género y otros valores fundamentales cobran fuerza internacionalmente y expanden su vigencia. No es poco, pero todo esto no alcanza para delinear un sistema internacional que proyecte certidumbre, por ejemplo, con respecto a la amenaza terrorista o el cambio climático o genere esperanza con respecto a la disminución de la pobreza, la desigualdad o la desnutrición infantil.

Asimismo, las grandes expectativas de prosperidad que despertaron en su momento la integración europea y la emergencia de los BRIC, en sus momentos respectivos y con sus respectivas proyecciones regionales, se han desvanecido, en un marco de crisis económicas, retrocesos políticos y conductas colectivas vergonzosas frente al drama migratorio. No muy distinta ha sido la suerte de las expectativas de libertad y democracia que generaron las Primaveras árabes.

Nuestras sociedades están cada vez más informadas y son más demandantes, pero las grandes concentraciones de poder económico, político y militar no parecen orientarse hacia la resolución de los grandes problemas de la humanidad ni la promoción de sus valores
fundamentales. Y esa concentración parece acentuarse década tras década antes que disminuir.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Quién gana la guerra?

Hoy, más que nunca, una mirada al escenario internacional resulta desconcertante. Y si se trata de de dar algún sentido, encontrar un "hilo conductor" o al menos "ordenar los acontecimientos," es peor aun. 

Hace apenas dos semanas, se iniciaron conversaciones de paz en Ginebra, con el auspicio de la ONU, entre el régimen de Bachar El Asad y la heterogénea oposición siria. 

Al mismo tiempo, Vladmir Putin anunciaba el retiro de las tropas rusas del territorio sirio --dejando al presidente Bachar El Asad sin uno de sus principales apoyos-- y diversas acciones parecían debilitar la situación estratégica del Estado Islámico (ISIS).

Islam Alloush, líder del Ejército del Islam (Jeish el Islam), anunciaba en ese contexto los avances de sus 30.000 efectivos en las afueras de Damasco y que su fuerza posee "células durmientes" que podrían atacar al ISIS, mientras Estados Unidos veía florecer la decisión del presidente Obama --en Agosto de 2013-- de no invadir el territorio sirio tras los ataques de El Asad a la población civil, con armas químicas. 

Pero hace apenas unos días todos fuimos conmocionados por dos ataques terroristas en Bélgica, pocos meses después de los ataques en París y sucesivas muestras de eficacia de las fuerzas de seguridad y los sistemas de inteligencia europeos. El más amplio conjunto de líderes internacionales expresaron su condena y en algunos casos se estremecieron hasta las lágrimas. Pero eso, ni nada, compensa la falta de política que ha habido frente al terrorismo, desde los ataques a las torres gemelas y los previos en nuestro propio territorio en los años noventa, hasta los ataques de París y Bruselas.

Como tampoco ha habido políticas serias frente a la crisis migratoria en Europa, que lleva ya tantos años y tantas víctimas que debe ser vista como otra tragedia humanitaria en uno de los contextos socio-económicos más ricos y de mayor bienestar de todo el planeta. 

Y a todo el desconcierto frente al escenario internacional se suman la crisis económica de China, el derrumbe de Brasil, la emergencia exuberante de Donald Trump como candidato presidencial de los Estados Unidos y la pregunta, "quién gana la guerra?"