El crecimiento económico de nuestra región será “nulo” (sic) a lo
largo de este año, luego de una contracción del 0,9% en 2015, según un
informe reciente del Banco Mundial. La estimación prevista originalmente
para 2016 era un modesto crecimiento del 1,5%. Pero el mencionado
informe, coincidente con datos que el FMI publicará en pocos días,
rebaja la previsión prácticamente a “cero”, con un impacto en el
crecimiento global que se ve reducido al 2,9% por el impacto de la
crisis de las economías “emergentes”, según el léxico de estos
Organismos.
El FMI prevé un segundo año de recesión para
Brasil -que se contrajo un 3,7% en 2015- con una caída del 3,8% de su
PBI en el año en curso y, según las proyecciones actuales una
recuperación del 1,4% en 2017.
Si bien ambos Organismos
atribuyen la contracción de la economía global a un conjunto de
factores, la crisis de la economía Brasileña es colocada en primer
plano, junto con su impacto negativo en el crecimiento de las economías
de nuestra región.
Al respecto, también deben tomarse en
cuenta factores tales como la crisis de Venezuela, el impacto de la
caída de los precios internacionales de la energía y las materias primas
y el endurecimiento de las condiciones financieras para el acceso al crédito por parte de las economías más débiles.
A
su vez, en lo que hace a la contracción de la economía brasileña,
bautizada como la “peor recesión del siglo”, los análisis la atribuyen
no sólo a la crisis política en que se encuentra involucrada la
presidenta Dilma Rouseff sino también a factores macroeconómicos como,
por ejemplo, el nivel de la deuda pública de Brasil, que en 2015 alcanzó
el 73,7% del PIB. Pero, no obstante alguna pretensión diplomática,
resulta difícil disimular en estas apreciaciones la tendencia a poner el
foco en el actual proceso de “impeachment” de la presidenta Dilma
Rousseff, que puede conducir a que el Senado brasileño la aparte de sus
funciones por un período máximo de 180 días hasta que sus miembros
concluyan el proceso de decisión.