lunes, 18 de abril de 2016

Incertidumbre y frustraciones internacionales

Hace ya mucho tiempo que no sabemos hacia dónde vamos. Las grandes guerra y el peligro de un holocausto nuclear han dejado de ser una amenaza para la humanidad. Estados Unidos ha dejado de ser un poder que impone su voluntad a cualquier precio. Los derechos humanos, la democracia, el respeto de la igualdad de género y otros valores fundamentales cobran fuerza internacionalmente y expanden su vigencia. No es poco, pero todo esto no alcanza para delinear un sistema internacional que proyecte certidumbre, por ejemplo, con respecto a la amenaza terrorista o el cambio climático o genere esperanza con respecto a la disminución de la pobreza, la desigualdad o la desnutrición infantil.

Asimismo, las grandes expectativas de prosperidad que despertaron en su momento la integración europea y la emergencia de los BRIC, en sus momentos respectivos y con sus respectivas proyecciones regionales, se han desvanecido, en un marco de crisis económicas, retrocesos políticos y conductas colectivas vergonzosas frente al drama migratorio. No muy distinta ha sido la suerte de las expectativas de libertad y democracia que generaron las Primaveras árabes.

Nuestras sociedades están cada vez más informadas y son más demandantes, pero las grandes concentraciones de poder económico, político y militar no parecen orientarse hacia la resolución de los grandes problemas de la humanidad ni la promoción de sus valores
fundamentales. Y esa concentración parece acentuarse década tras década antes que disminuir.