jueves, 24 de junio de 2010

Control civil

Con el relevo del general Stanley McChrystal, el presidente Obama reafirmó su autoridad y fortaleció la supremacía civil las fuerzas armadas. El “control civil,” como se denomina este principio en la ciencia política, es uno de los fundamentos del sistema democrático moderno y, a la vez, uno de los pilares de la tradición política de los Estados Unidos.

El concepto implica no sólo el respeto de la autoridad civil sino una serie de mecanismos –por ejemplo, en materia de control presupuestario o aprobación de los ascensos en el nivel más alto de la jerarquía militar– en los que participa el Poder Legislativo y una estructura en el Ministerio de Defensa compuesta equilibradamente por especialistas civiles, funcionarios políticos y militares en actividad y retirados.

El general McChrystal no cuestionó la estrategia militar del presidente Obama sino, principalmente al vicepresidente y a un prestigioso enviado especial, de origen académico-diplomático. La enérgica respuesta del presidente Obama no tiene implicancias con respecto al rumbo de la guerra en Afganistán que, por el contrario, fue reafirmado enfáticamente. Sin embargo, a nadie escapan las crecientes dudas –de la opinión pública y de observadores especializados— acerca de la posibilidad de éxito de esa estrategia.

El general David Petraeus, jefe del comando con jurisdicción sobre el área y leyenda por sus éxitos en Irak en 2007-2008, que sucederá a McChrystal no tendrá posibilidades de trasladar el esquema que aplicó en Irak, apelando al apoyo de una población local eminentemente urbana y con altos componentes de clase media. La realidad montañosa impenetrable y carente de clase media de Afganistán ofrecen un escenario muy distinto del de Irak, que Petraeus sin duda conoce muy bien.

Andres Fontana

jueves, 17 de junio de 2010

Palabras frente al desastre

El hundimiento de la plataforma Deepwater Horizon el 22 de abril, desató la peor catástrofe petrolera de la historia de los Estados Unidos. Hasta ahora, ocupaba este poco honroso lugar el derrame de Exxon Valdez, en las costas de Alaska, en marzo de 1989. La empresa BP ha gastado más de 1.200 millones de dólares, pero no ha podido lograr resultados satisfactorios.

Tampoco ha dado en el clavo Presidente Obama, a pesar de que se ha movido con celeridad y determinación. Pero la actitud de su gobierno ante la tragedia ecológica ha sido considerada por la opinión pública norteamericana peor que la del gobierno de Bush frente al huracán Katrina en 2005. Según un sondeo de ABC News / Washington Post, un 69% de la población tiene una mala opinión de la gestión realizada por Obama.

Por ahora, los esfuerzos verbales han sido más notables que las acciones. Obama afirmó que le gustaría saber a quién "patearle el trasero" por el derrame de petróleo y hasta generó un cruce diplomático con el Reino Unido al referirse a BP como “British Petroleum,” nombre que la empresa no emplea desde 1998.

Por su parte, Carl-Henric Svanberg, el presidente de BP, tuvo que disculparse por haberse referido a los damnificados como "esa pobre gente". Sin embargo, Obama tuvo el acierto de expresar que los efectos de la catástrofe serán comparables, desde el punto de vista ambiental, a los producidos por el ataque terrorista a las Torres Gemelas en 2001, desde el punto de vista de la seguridad de los Estados Unidos y dio a entender que ésta será una gran oportunidad para establecer pautas ambientalistas, las que no pudo acordar en diciembre pasado en la Cumbre de Copenhagen.

Andres Fontana

jueves, 3 de junio de 2010

Cambio de Mapa

El operativo militar de las fuerzas israelíes contra la flota de ayuda humanitaria que intentaba llegar a la franja de Gaza no sólo produjo una fuerte condena internacional, sino un cambio en la ubicación de Israel en el mapa de los poderes mundiales.

La muerte de nueve activistas y el arresto de unos 600, entre ellos, parlamentarios e intelectuales de Alemania, Bulgaria, Irlanda, Noruega, Suecia y otros países, profundizó la brecha entre Israel y el sistema internacional. De país amigo, y varios sentidos aliado de los Estados Unidos, Israel ha pasado a ocupar el lugar de “problema.” Estados Unidos nunca va a dejar a Israel totalmente librado a su suerte. Pero la coyuntura actual obliga a un cambio de actitud y eventualmente de política.

La Unión Europea también se ha visto obligada a reaccionar. Y Turquía, el principal puente entre Occidente y el Mundo Islámico y tal vez el o único aliado regional de Israel, no tiene otro camino que alejarse.

En este nuevo mapa, para Israel no es posible continuar con las mismas políticas sin incrementar los costos. Hasta hoy, éstos se han manifestado, principalmente, en términos de un creciente aislamiento y una pérdida de legitimidad internacional también creciente.

Israel ha enfrentado una amenaza a su supervivencia como Estado desde su misma creación a lo largo de toda su existencia. La justificación de su política hacia la población Palestina sobre esa base ha perdido credibilidad y hace muy difícil que aun los Estados más cercanos, por un motivo u otro, puedan seguir prestando su apoyo sin que haya cambios al menos en lo que hace al aspecto humanitario con relación a Palestina. Este se ha transformado en el eslabón más débil de la cadena que vincula a Israel con el sistema internacional.

Andres Fontana