Qué significan los atentados del 13 de Noviembre en París? Diversos
especialistas en terrorismo y analistas de relaciones internacionales se
han pronunciado en contra de quienes sostienes que los atentados
significan un cambio de estrategia del Estado Islámico (ISIS). Frente a
esa opinión muy difundida, los expertos argumentan que no se trata de un
cambio sino, precisamente, de la puesta en práctica de dicha
estrategia, sólo que ahora se despliega en el mundo occidental.
Haya
cambiado o no su estrategia, el ISIS implica una amenaza global por sus
objetivos, su modus operandi y porque actúa como catalizador y fuente
de inspiración para otras organizaciones terroristas. En varios
sentidos, el Estado Islámico se diferencia de estas últimas por haber
creado un Califato y por la extremada crueldad que ejerce sobre los
pueblos que conquista, abarcando amplios territorios en Siria e Irak.
Al
mismo tiempo, agrega a la expansión del terrorismo fundamentalista como
fenómeno y actor global. Cabe preguntarnos entonces si en el sistema
internacional se está desarrollando una estrategia frente a esta amenaza
a la paz y la seguridad.
Francia ha reaccionado
estoicamente, el pueblo francés ha dado muestras de valentía y
determinación, el presidente Hollande actuó sin hesitar, con una firmeza
acorde con la situación, y la Asamblea
General sancionó casi por
unanimidad (551 votos a favor y 6 en contra) un severo estado de
excepción. Nada puede restarle importancia a esta reacción prácticamente
unánime de Francia.
Pero frente a la magnitud de esta
amenaza –que, insistimos, no se reduce al Estado Islámico– hasta ahora
hemos presenciado en la escena internacional sólo muestras de
desorientación, desacuerdos entre países amigos, competencias por
espacios y eventual protagonismo entre países rivales y, muchas veces,
falta de voluntad política compartida y claridad con respecto a la
naturaleza del problema, el camino a seguir y los medios a utilizar.
viernes, 20 de noviembre de 2015
lunes, 16 de noviembre de 2015
A varias bandas
El domingo 1ro. de noviembre , el Partido Justicia y Desarrollo (AKP)
del presidente turco Recep Tayyip Erdogan, ganó las elecciones por casi
el 50 % de los votos. Poco antes, el presidente había abandonado su
partido para poder ser elegido jefe de Estado. Pero al día siguiente de
la victoria sus voceros expresaron la voluntad de reformar la
Constitución para instaurar una presidencia con poder ejecutivo.
Con 317 escaños sobre 550, el AKP tiene ahora mayoría absoluta y, si bien la cifra es menor que los dos tercios necesarios para reformar la Constitución, hay sectores de la oposición favorables a la misma. En la opinión pública y en círculos políticos, existe creciente temor a que la reforma encierre intenciones autoritarias.
Los líderes europeos son conscientes de ello, pero hoy ven a Recep Erdogan desde otra perspectiva, centrada en el rol de Turquía en la crisis migratoria. Por esto, Erdogan ha reclamado participar en las Cumbres europeas –un paliativo a la frustración de Turquía por no haber ingresado aún a la UE, no obstante ser Miembro de la OTAN.
La UE ya ha anunciado que el presidente Turco será invitado a la Cumbre de finales de noviembre y, previamente, los presidentes del Consejo Europeo y la Comisión tienen prevista una reunión con
Erdogan en la cumbre del G-20 que se realiza en la ciudad turca de Antalya. Por su parte, el Ejecutivo comunitario anunció una primera aportación de 500 millones de euros del total de 3.000 que reclama Turquía para hacer frente al flujo de refugiados y comprometerse a frenar las salidas de sirios desde sus costas. Turquía ha recibido 2,2 millones de migrantes desde que se inició la guerra hace cinco años.
Mientras tanto, Suecia, el país hasta ahora más abierto a los asilados, se ha sumado a Alemania y Austria en el control de fronteras dentro del espacio de libre circulación de Europa, los primeros controles desde que el sistema Schengen entrara en vigor, en 1995. Eslovenia, ha empezado a construir un muro de 2 metros en su frontera con Croacia y Austria está haciendo lo propio en su frontera con Eslovenia.
Murallas, subsidios, reformas constitucionales con visos de potencial autoritarismo, todo parece valer en el sofisticado juego político de la Unión Europea frente a las diversas crisis que la afectan.
Con 317 escaños sobre 550, el AKP tiene ahora mayoría absoluta y, si bien la cifra es menor que los dos tercios necesarios para reformar la Constitución, hay sectores de la oposición favorables a la misma. En la opinión pública y en círculos políticos, existe creciente temor a que la reforma encierre intenciones autoritarias.
Los líderes europeos son conscientes de ello, pero hoy ven a Recep Erdogan desde otra perspectiva, centrada en el rol de Turquía en la crisis migratoria. Por esto, Erdogan ha reclamado participar en las Cumbres europeas –un paliativo a la frustración de Turquía por no haber ingresado aún a la UE, no obstante ser Miembro de la OTAN.
La UE ya ha anunciado que el presidente Turco será invitado a la Cumbre de finales de noviembre y, previamente, los presidentes del Consejo Europeo y la Comisión tienen prevista una reunión con
Erdogan en la cumbre del G-20 que se realiza en la ciudad turca de Antalya. Por su parte, el Ejecutivo comunitario anunció una primera aportación de 500 millones de euros del total de 3.000 que reclama Turquía para hacer frente al flujo de refugiados y comprometerse a frenar las salidas de sirios desde sus costas. Turquía ha recibido 2,2 millones de migrantes desde que se inició la guerra hace cinco años.
Mientras tanto, Suecia, el país hasta ahora más abierto a los asilados, se ha sumado a Alemania y Austria en el control de fronteras dentro del espacio de libre circulación de Europa, los primeros controles desde que el sistema Schengen entrara en vigor, en 1995. Eslovenia, ha empezado a construir un muro de 2 metros en su frontera con Croacia y Austria está haciendo lo propio en su frontera con Eslovenia.
Murallas, subsidios, reformas constitucionales con visos de potencial autoritarismo, todo parece valer en el sofisticado juego político de la Unión Europea frente a las diversas crisis que la afectan.
viernes, 6 de noviembre de 2015
Olas de Inestabilidad
El presunto atentado contra un avión ruso en la Península de Sinaí ha
despertado todas las alertas de la Unión Europea y otros países de la
región. Es cierto que la Península, puente entre Asia y África, es
escenario continuo de hechos de violencia. En ella operan diversos
grupos terroristas y la situación se ha agravado desde la caída del
presidente egipcio Mohamed Morsi en 2013. Pero hoy la sensación de
amenaza e inestabilidad crece día a día, por factores diversos que van
desde la situación en Libia hasta la guerra en Siria, con el creciente
poder y atractivo del Estado Islámico.
Francia ha duplicado su despliegue contra este último y recientemente ha enviado un portaviones. Estados Unidos ha decidido incrementar su presencia en Siria y la OTAN, concentrada hasta hace poco en la frontera oriental por temor a los movimientos de Rusia en territorio de Ucrania, ha decidido movilizar numerosos efectivos y medios militares en lo que denomina su “región Sur,” es decir, la costa mediterránea de Italia, Francia y España.
En ese contexto, la ola migratoria desde Oriente Medio es motivo de creciente preocupación para Europa. Esto se debe tanto a consideraciones humanitarias e impacto social, como a cuestiones vinculadas a la seguridad.
La UE prevé para el próximo año un caudal de casi 3.000.000 de refugiados. Alemania organiza medios diversos para hacer frente a este desafío. Por una parte, pueblos y ciudades pequeñas, se preparan para recibir contingentes de refugiados que en algunos casos igualan o duplican su población. Por otra parte, el gobierno alemán prepara centros de “internación” con el propósito de contener transitoriamente a los inmigrantes y, en los casos que existan sospechas acerca de su potencial peligrosidad, deportarlos a su país de origen.
En forma creciente, la derecha en casi todos los países de Europa alberga partidos racistas que promueven el llamado “euroescepticismo,” cuyo poder electoral aumenta día a día. El propio Nicolás Sarkozy, candidato a reconquistar la presidencia de Francia en 2017, acaba de presentar un paquete de medidas extremadamente severas para hacer frente al terrorismo, que invitan a preguntarnos cómo se identifica en ese mensaje la sutil diferencia entre refugiados y presuntos terroristas.
Francia ha duplicado su despliegue contra este último y recientemente ha enviado un portaviones. Estados Unidos ha decidido incrementar su presencia en Siria y la OTAN, concentrada hasta hace poco en la frontera oriental por temor a los movimientos de Rusia en territorio de Ucrania, ha decidido movilizar numerosos efectivos y medios militares en lo que denomina su “región Sur,” es decir, la costa mediterránea de Italia, Francia y España.
En ese contexto, la ola migratoria desde Oriente Medio es motivo de creciente preocupación para Europa. Esto se debe tanto a consideraciones humanitarias e impacto social, como a cuestiones vinculadas a la seguridad.
La UE prevé para el próximo año un caudal de casi 3.000.000 de refugiados. Alemania organiza medios diversos para hacer frente a este desafío. Por una parte, pueblos y ciudades pequeñas, se preparan para recibir contingentes de refugiados que en algunos casos igualan o duplican su población. Por otra parte, el gobierno alemán prepara centros de “internación” con el propósito de contener transitoriamente a los inmigrantes y, en los casos que existan sospechas acerca de su potencial peligrosidad, deportarlos a su país de origen.
En forma creciente, la derecha en casi todos los países de Europa alberga partidos racistas que promueven el llamado “euroescepticismo,” cuyo poder electoral aumenta día a día. El propio Nicolás Sarkozy, candidato a reconquistar la presidencia de Francia en 2017, acaba de presentar un paquete de medidas extremadamente severas para hacer frente al terrorismo, que invitan a preguntarnos cómo se identifica en ese mensaje la sutil diferencia entre refugiados y presuntos terroristas.
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