El Mundo es un buen lugar, pero depende de dónde y cuándo uno viva.
Las discusiones en la Cumbre de París reeditan el peligro de ver a las
relaciones internacionales y al sistema internacional como ámbitos de
banalidad diplomática y eventual cinismo de los Estados más poderosos,
al menos si nos remitimos a los resultados alcanzados desde las cumbres
de Río (1992) y Kioto (1997), hasta la fecha.
Al menos
así deben percibirlo quienes han sufrido las embestidas de huracanes,
tsunamis, inundaciones, o la aparición de nuevas enfermedades. El
calentamiento global empeora la calidad del aire en forma creciente y
amenaza la viabilidad a largo plazo de vastas zonas playeras en todo el
planeta. En suma, las generaciones futuras heredarán un mundo con aire
más contaminado, agua más sucia, inundaciones, sequías intensas y fuegos
arrasadores.
Sin embargo, en lo que hace a las
capacidades del sistema internacional para incidir en este tema, debemos
tener la misma cautela que cuando nos referimos a otras tragedias de la
Humanidad, como las guerras, las matanzas masivas, la pobreza o la
desnutrición infantil. El sistema internacional, sus instituciones, sus
normas y sus mecanismos de funcionamiento –como las cumbres, ya sean
globales o regionales– no pueden ir más allá de la voluntad consensuada
entre
Estados que, a su vez, son desiguales en poder, cultura y capacidad asociativa.
Es
cierto que hay momentos en que el sistema internacional logra avances
dramáticos, como fue la creación de las Naciones Unidas o las acciones
conducentes al fin de la Guerra Fría. Pero esos puntos de inflexión sólo
reflejan la impotencia previa para resolver problemas de fondo de las
relaciones entre Estados. Tal vez en el caso del cambio climático,
intervenciones como la del Papa Francisco, junto con los medios con que
cuenta hoy la comunidad global permitan que la reacción del sistema sea
anticipada y no posterior a la catástrofe.
lunes, 14 de diciembre de 2015
viernes, 20 de noviembre de 2015
Paris
Qué significan los atentados del 13 de Noviembre en París? Diversos
especialistas en terrorismo y analistas de relaciones internacionales se
han pronunciado en contra de quienes sostienes que los atentados
significan un cambio de estrategia del Estado Islámico (ISIS). Frente a
esa opinión muy difundida, los expertos argumentan que no se trata de un
cambio sino, precisamente, de la puesta en práctica de dicha
estrategia, sólo que ahora se despliega en el mundo occidental.
Haya cambiado o no su estrategia, el ISIS implica una amenaza global por sus objetivos, su modus operandi y porque actúa como catalizador y fuente de inspiración para otras organizaciones terroristas. En varios sentidos, el Estado Islámico se diferencia de estas últimas por haber creado un Califato y por la extremada crueldad que ejerce sobre los pueblos que conquista, abarcando amplios territorios en Siria e Irak.
Al mismo tiempo, agrega a la expansión del terrorismo fundamentalista como fenómeno y actor global. Cabe preguntarnos entonces si en el sistema internacional se está desarrollando una estrategia frente a esta amenaza a la paz y la seguridad.
Francia ha reaccionado estoicamente, el pueblo francés ha dado muestras de valentía y determinación, el presidente Hollande actuó sin hesitar, con una firmeza acorde con la situación, y la Asamblea
General sancionó casi por unanimidad (551 votos a favor y 6 en contra) un severo estado de excepción. Nada puede restarle importancia a esta reacción prácticamente unánime de Francia.
Pero frente a la magnitud de esta amenaza –que, insistimos, no se reduce al Estado Islámico– hasta ahora hemos presenciado en la escena internacional sólo muestras de desorientación, desacuerdos entre países amigos, competencias por espacios y eventual protagonismo entre países rivales y, muchas veces, falta de voluntad política compartida y claridad con respecto a la naturaleza del problema, el camino a seguir y los medios a utilizar.
Haya cambiado o no su estrategia, el ISIS implica una amenaza global por sus objetivos, su modus operandi y porque actúa como catalizador y fuente de inspiración para otras organizaciones terroristas. En varios sentidos, el Estado Islámico se diferencia de estas últimas por haber creado un Califato y por la extremada crueldad que ejerce sobre los pueblos que conquista, abarcando amplios territorios en Siria e Irak.
Al mismo tiempo, agrega a la expansión del terrorismo fundamentalista como fenómeno y actor global. Cabe preguntarnos entonces si en el sistema internacional se está desarrollando una estrategia frente a esta amenaza a la paz y la seguridad.
Francia ha reaccionado estoicamente, el pueblo francés ha dado muestras de valentía y determinación, el presidente Hollande actuó sin hesitar, con una firmeza acorde con la situación, y la Asamblea
General sancionó casi por unanimidad (551 votos a favor y 6 en contra) un severo estado de excepción. Nada puede restarle importancia a esta reacción prácticamente unánime de Francia.
Pero frente a la magnitud de esta amenaza –que, insistimos, no se reduce al Estado Islámico– hasta ahora hemos presenciado en la escena internacional sólo muestras de desorientación, desacuerdos entre países amigos, competencias por espacios y eventual protagonismo entre países rivales y, muchas veces, falta de voluntad política compartida y claridad con respecto a la naturaleza del problema, el camino a seguir y los medios a utilizar.
lunes, 16 de noviembre de 2015
A varias bandas
El domingo 1ro. de noviembre , el Partido Justicia y Desarrollo (AKP)
del presidente turco Recep Tayyip Erdogan, ganó las elecciones por casi
el 50 % de los votos. Poco antes, el presidente había abandonado su
partido para poder ser elegido jefe de Estado. Pero al día siguiente de
la victoria sus voceros expresaron la voluntad de reformar la
Constitución para instaurar una presidencia con poder ejecutivo.
Con 317 escaños sobre 550, el AKP tiene ahora mayoría absoluta y, si bien la cifra es menor que los dos tercios necesarios para reformar la Constitución, hay sectores de la oposición favorables a la misma. En la opinión pública y en círculos políticos, existe creciente temor a que la reforma encierre intenciones autoritarias.
Los líderes europeos son conscientes de ello, pero hoy ven a Recep Erdogan desde otra perspectiva, centrada en el rol de Turquía en la crisis migratoria. Por esto, Erdogan ha reclamado participar en las Cumbres europeas –un paliativo a la frustración de Turquía por no haber ingresado aún a la UE, no obstante ser Miembro de la OTAN.
La UE ya ha anunciado que el presidente Turco será invitado a la Cumbre de finales de noviembre y, previamente, los presidentes del Consejo Europeo y la Comisión tienen prevista una reunión con
Erdogan en la cumbre del G-20 que se realiza en la ciudad turca de Antalya. Por su parte, el Ejecutivo comunitario anunció una primera aportación de 500 millones de euros del total de 3.000 que reclama Turquía para hacer frente al flujo de refugiados y comprometerse a frenar las salidas de sirios desde sus costas. Turquía ha recibido 2,2 millones de migrantes desde que se inició la guerra hace cinco años.
Mientras tanto, Suecia, el país hasta ahora más abierto a los asilados, se ha sumado a Alemania y Austria en el control de fronteras dentro del espacio de libre circulación de Europa, los primeros controles desde que el sistema Schengen entrara en vigor, en 1995. Eslovenia, ha empezado a construir un muro de 2 metros en su frontera con Croacia y Austria está haciendo lo propio en su frontera con Eslovenia.
Murallas, subsidios, reformas constitucionales con visos de potencial autoritarismo, todo parece valer en el sofisticado juego político de la Unión Europea frente a las diversas crisis que la afectan.
Con 317 escaños sobre 550, el AKP tiene ahora mayoría absoluta y, si bien la cifra es menor que los dos tercios necesarios para reformar la Constitución, hay sectores de la oposición favorables a la misma. En la opinión pública y en círculos políticos, existe creciente temor a que la reforma encierre intenciones autoritarias.
Los líderes europeos son conscientes de ello, pero hoy ven a Recep Erdogan desde otra perspectiva, centrada en el rol de Turquía en la crisis migratoria. Por esto, Erdogan ha reclamado participar en las Cumbres europeas –un paliativo a la frustración de Turquía por no haber ingresado aún a la UE, no obstante ser Miembro de la OTAN.
La UE ya ha anunciado que el presidente Turco será invitado a la Cumbre de finales de noviembre y, previamente, los presidentes del Consejo Europeo y la Comisión tienen prevista una reunión con
Erdogan en la cumbre del G-20 que se realiza en la ciudad turca de Antalya. Por su parte, el Ejecutivo comunitario anunció una primera aportación de 500 millones de euros del total de 3.000 que reclama Turquía para hacer frente al flujo de refugiados y comprometerse a frenar las salidas de sirios desde sus costas. Turquía ha recibido 2,2 millones de migrantes desde que se inició la guerra hace cinco años.
Mientras tanto, Suecia, el país hasta ahora más abierto a los asilados, se ha sumado a Alemania y Austria en el control de fronteras dentro del espacio de libre circulación de Europa, los primeros controles desde que el sistema Schengen entrara en vigor, en 1995. Eslovenia, ha empezado a construir un muro de 2 metros en su frontera con Croacia y Austria está haciendo lo propio en su frontera con Eslovenia.
Murallas, subsidios, reformas constitucionales con visos de potencial autoritarismo, todo parece valer en el sofisticado juego político de la Unión Europea frente a las diversas crisis que la afectan.
viernes, 6 de noviembre de 2015
Olas de Inestabilidad
El presunto atentado contra un avión ruso en la Península de Sinaí ha
despertado todas las alertas de la Unión Europea y otros países de la
región. Es cierto que la Península, puente entre Asia y África, es
escenario continuo de hechos de violencia. En ella operan diversos
grupos terroristas y la situación se ha agravado desde la caída del
presidente egipcio Mohamed Morsi en 2013. Pero hoy la sensación de
amenaza e inestabilidad crece día a día, por factores diversos que van
desde la situación en Libia hasta la guerra en Siria, con el creciente
poder y atractivo del Estado Islámico.
Francia ha duplicado su despliegue contra este último y recientemente ha enviado un portaviones. Estados Unidos ha decidido incrementar su presencia en Siria y la OTAN, concentrada hasta hace poco en la frontera oriental por temor a los movimientos de Rusia en territorio de Ucrania, ha decidido movilizar numerosos efectivos y medios militares en lo que denomina su “región Sur,” es decir, la costa mediterránea de Italia, Francia y España.
En ese contexto, la ola migratoria desde Oriente Medio es motivo de creciente preocupación para Europa. Esto se debe tanto a consideraciones humanitarias e impacto social, como a cuestiones vinculadas a la seguridad.
La UE prevé para el próximo año un caudal de casi 3.000.000 de refugiados. Alemania organiza medios diversos para hacer frente a este desafío. Por una parte, pueblos y ciudades pequeñas, se preparan para recibir contingentes de refugiados que en algunos casos igualan o duplican su población. Por otra parte, el gobierno alemán prepara centros de “internación” con el propósito de contener transitoriamente a los inmigrantes y, en los casos que existan sospechas acerca de su potencial peligrosidad, deportarlos a su país de origen.
En forma creciente, la derecha en casi todos los países de Europa alberga partidos racistas que promueven el llamado “euroescepticismo,” cuyo poder electoral aumenta día a día. El propio Nicolás Sarkozy, candidato a reconquistar la presidencia de Francia en 2017, acaba de presentar un paquete de medidas extremadamente severas para hacer frente al terrorismo, que invitan a preguntarnos cómo se identifica en ese mensaje la sutil diferencia entre refugiados y presuntos terroristas.
Francia ha duplicado su despliegue contra este último y recientemente ha enviado un portaviones. Estados Unidos ha decidido incrementar su presencia en Siria y la OTAN, concentrada hasta hace poco en la frontera oriental por temor a los movimientos de Rusia en territorio de Ucrania, ha decidido movilizar numerosos efectivos y medios militares en lo que denomina su “región Sur,” es decir, la costa mediterránea de Italia, Francia y España.
En ese contexto, la ola migratoria desde Oriente Medio es motivo de creciente preocupación para Europa. Esto se debe tanto a consideraciones humanitarias e impacto social, como a cuestiones vinculadas a la seguridad.
La UE prevé para el próximo año un caudal de casi 3.000.000 de refugiados. Alemania organiza medios diversos para hacer frente a este desafío. Por una parte, pueblos y ciudades pequeñas, se preparan para recibir contingentes de refugiados que en algunos casos igualan o duplican su población. Por otra parte, el gobierno alemán prepara centros de “internación” con el propósito de contener transitoriamente a los inmigrantes y, en los casos que existan sospechas acerca de su potencial peligrosidad, deportarlos a su país de origen.
En forma creciente, la derecha en casi todos los países de Europa alberga partidos racistas que promueven el llamado “euroescepticismo,” cuyo poder electoral aumenta día a día. El propio Nicolás Sarkozy, candidato a reconquistar la presidencia de Francia en 2017, acaba de presentar un paquete de medidas extremadamente severas para hacer frente al terrorismo, que invitan a preguntarnos cómo se identifica en ese mensaje la sutil diferencia entre refugiados y presuntos terroristas.
viernes, 30 de octubre de 2015
Tendencias
Desde hace aproximadamente dos décadas, el sistema internacional
carece de un liderazgo y un conjunto de valores, o pilares
fundamentales, que permitan identificar su orientación de fondo. Sin
embargo, algunos procesos actuales permiten identificar tendencias que ,
de algún modo, anuncian la conformación futura de este sistema.
Estados Unidos ha dejado de ser un poder amenazante, dispuesto a intervenir –militarmente, o por otros medios– para hacer valer sus intereses o, supuestamente, reestablecer el orden. Sus recientes actitudes hacia Cuba e Irán, su reticente actitud ante la crisis Siria, o ante las acciones militares de Putin, son ejemplos de ello.
China ha mostrado signos constantes de occidentalización, para llamar de alguna manera a su notable evolución en lo doméstico y en sus relaciones con el mundo. China ha mostrado una prudencia permanente en los asuntos internacionales y ha evitado, en forma sistemática, que sus vinculaciones económicas con otros países impliquen una pretensión de condicionar sus políticas. En lo interno, China ha dado muestras crecientes de un espíritu modernizante, como el reciente anuncio de una flexibilización de la política del hijo único.
Al mismo tiempo, los avances hacia la integración económica de grandes bloques –silenciosos por largo tiempo, pero con hitos que los
hacen visibles cada tanto, como la reciente firma del Acuerdo de Asociación Transpacífica (TPP) entre Estados Unidos y once países del Pacífico y el Acuerdo de Inversiones y Comercio Trasatlántico (TTIP), entre EE.UU. y la Unión Europea– anuncian un rasgo fundamental del sistema internacional futuro.
Estados Unidos ha dejado de ser un poder amenazante, dispuesto a intervenir –militarmente, o por otros medios– para hacer valer sus intereses o, supuestamente, reestablecer el orden. Sus recientes actitudes hacia Cuba e Irán, su reticente actitud ante la crisis Siria, o ante las acciones militares de Putin, son ejemplos de ello.
China ha mostrado signos constantes de occidentalización, para llamar de alguna manera a su notable evolución en lo doméstico y en sus relaciones con el mundo. China ha mostrado una prudencia permanente en los asuntos internacionales y ha evitado, en forma sistemática, que sus vinculaciones económicas con otros países impliquen una pretensión de condicionar sus políticas. En lo interno, China ha dado muestras crecientes de un espíritu modernizante, como el reciente anuncio de una flexibilización de la política del hijo único.
Al mismo tiempo, los avances hacia la integración económica de grandes bloques –silenciosos por largo tiempo, pero con hitos que los
hacen visibles cada tanto, como la reciente firma del Acuerdo de Asociación Transpacífica (TPP) entre Estados Unidos y once países del Pacífico y el Acuerdo de Inversiones y Comercio Trasatlántico (TTIP), entre EE.UU. y la Unión Europea– anuncian un rasgo fundamental del sistema internacional futuro.
viernes, 9 de octubre de 2015
Unión en Peligro
Nunca ha estado tan amenazada la Unión Europea, como entidad, como
proyecto y como ámbito histórico del surgimiento de valores democráticos
y humanitarios. Para peor, la amenaza no proviene del exterior. Porque
si así fuera, prevalecería la unidad, el sentido de pertenencia. Las
amenazas externas tienen esa extraña virtud, la de generar lazos
solidarios.
Pero el principal problema proviene de procesos internos, algunos signados por el pecado original de la desigual de los niveles de riqueza y productividad de las sociedades europeas, otros por los nacionalismos y las reivindicaciones de tinte xenófobo.
La inevitable desigualdad entre los socios de la integración sirvió de atractivo en un comienzo, pero se transformó en pesadilla con las sucesivas crisis del euro. Al mismo tiempo, y en parte fogoneados por las crisis económicas y sus impactos sociales, se incentivaron los sentimientos y las ideologías nacionalistas con su marcada inclinación xenófoba.
Así lo expresaron Merkel y Hollande conjuntamente ante el Parlamento Europeo hace pocos días, haciendo directa referencia al populismo europeo. Del mismo modo, la ex Comisaria de la UE y ex Ministra de RREE de Italia, Emma Bonino, afirmó recientemente que
“es urgente combatir las enfermedades del nacionalismo, la xenofobia y el racismo, que se extiendes como una mancha de aceite por diversos países de Europa.”
Las posturas de derecha, aun las no populistas, siempre atentan contra la unidad europea, como lo muestra el último discurso de David Cameron, quien prometió dureza en su próxima negociación con la UE, a la que calificó como “demasiado grande, autoritaria y entrometida.”
Pero el principal problema proviene de procesos internos, algunos signados por el pecado original de la desigual de los niveles de riqueza y productividad de las sociedades europeas, otros por los nacionalismos y las reivindicaciones de tinte xenófobo.
La inevitable desigualdad entre los socios de la integración sirvió de atractivo en un comienzo, pero se transformó en pesadilla con las sucesivas crisis del euro. Al mismo tiempo, y en parte fogoneados por las crisis económicas y sus impactos sociales, se incentivaron los sentimientos y las ideologías nacionalistas con su marcada inclinación xenófoba.
Así lo expresaron Merkel y Hollande conjuntamente ante el Parlamento Europeo hace pocos días, haciendo directa referencia al populismo europeo. Del mismo modo, la ex Comisaria de la UE y ex Ministra de RREE de Italia, Emma Bonino, afirmó recientemente que
“es urgente combatir las enfermedades del nacionalismo, la xenofobia y el racismo, que se extiendes como una mancha de aceite por diversos países de Europa.”
Las posturas de derecha, aun las no populistas, siempre atentan contra la unidad europea, como lo muestra el último discurso de David Cameron, quien prometió dureza en su próxima negociación con la UE, a la que calificó como “demasiado grande, autoritaria y entrometida.”
viernes, 2 de octubre de 2015
Lo que importa
Resulta difícil distinguir claramente qué es lo que está en juego en
Siria, que justifica el interés la tardía intervención de las grandes
potencias, luego de cuatro años, en que la guerra y la represión estatal
han cobrado 310.00 víctimas y más de 4 millones de refugiados -según
datos de la ACNUR (Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados)
revelados hace pocos meses.
Los Estados Unidos señalan al presidente Bachar El Assad como principal responsable de la crisis humanitaria, mientras Rusia sostiene que la situación es producto de la intervención de Occidente. Pero hoy ambos coinciden en señalar al EI (Estado Islámico) como principal enemigo y, aunque no lo digan, ambas potencias carecen de una estrategia medianamente razonable para enfrentarlo. Su avance y su atracción para combatientes de diversas latitudes son, hoy, incontenibles.
Aun así, cada una de las potencias promueve una coalición diferente -los Estados Unidos con varios países occidentales y Rusia con Irak e Irán, ambas con acciones que, todos sabemos, carecen de eficacia.
Lo que parece estar en juego, frente a cientos de miles de muertos, millones de personas que lo han perdido todo, un país devastado, un tirano que ha ejercido una violencia extrema sobre la población civil y
un enemigo inmanejable como el EI, es la competencia entre dos potencias por el predominio en una zona estratégicamente clave.
Todo esto indica que, para las grandes potencias, desde antes del Imperio Romano y hasta nuestros días, a la hora de hacer valer su poder no cuentan ni el sufrimiento humano ni la dignidad de otros países ni ningún otro criterio sino sus intereses por encima de cualquier otra consideración. Tal vez, la única novedad sea que hoy no lo hacen en nombre de la grandeza del Imperio sino en nombre de la paz y valores humanitarios.
Los Estados Unidos señalan al presidente Bachar El Assad como principal responsable de la crisis humanitaria, mientras Rusia sostiene que la situación es producto de la intervención de Occidente. Pero hoy ambos coinciden en señalar al EI (Estado Islámico) como principal enemigo y, aunque no lo digan, ambas potencias carecen de una estrategia medianamente razonable para enfrentarlo. Su avance y su atracción para combatientes de diversas latitudes son, hoy, incontenibles.
Aun así, cada una de las potencias promueve una coalición diferente -los Estados Unidos con varios países occidentales y Rusia con Irak e Irán, ambas con acciones que, todos sabemos, carecen de eficacia.
Lo que parece estar en juego, frente a cientos de miles de muertos, millones de personas que lo han perdido todo, un país devastado, un tirano que ha ejercido una violencia extrema sobre la población civil y
un enemigo inmanejable como el EI, es la competencia entre dos potencias por el predominio en una zona estratégicamente clave.
Todo esto indica que, para las grandes potencias, desde antes del Imperio Romano y hasta nuestros días, a la hora de hacer valer su poder no cuentan ni el sufrimiento humano ni la dignidad de otros países ni ningún otro criterio sino sus intereses por encima de cualquier otra consideración. Tal vez, la única novedad sea que hoy no lo hacen en nombre de la grandeza del Imperio sino en nombre de la paz y valores humanitarios.
lunes, 24 de agosto de 2015
Extrema Flexibilidad
La inexistencia de un gobierno y de un sistema jurídico efectivo es
el rasgo decisivo del sistema internacional, al menos para las
principales escuelas que los estudian. Sin embargo, siempre ha habido
liderazgos, hegemonías y valores que compensan, en parte, esa carencia
del sistema.
En este período tan particular, no sólo es difícil identificar liderazgos o valores sino pautas y límites de las acciones de los Estados. La Unión Europea, en el marco de una crisis humanitaria de las más graves, aplica sanciones por prestar asistencia médica gratuita a migrantes indocumentados. Estos mueren por miles tratando de cruzar el Mediterráneo y sólo recientemente Europa autorizó acciones de rescate.
El Estado Islámico ocupa territorios y cristaliza la fragmentación de comunidades nacionales, provocando sólo tardías e ineficaces reacciones. El gobierno sirio ha asesinado a cientos de miles de civiles sin ninguna acción internacional efectiva. Hoy es aliado de Occidente.
Rusia contribuye a la partición de Ucrania, prácticamente sin consecuencias. Y el candidato republicano Donald Trump encabeza las encuestas con la promesa de expulsar a millones de indocumentados de los Estados Unidos.
En este período tan particular, no sólo es difícil identificar liderazgos o valores sino pautas y límites de las acciones de los Estados. La Unión Europea, en el marco de una crisis humanitaria de las más graves, aplica sanciones por prestar asistencia médica gratuita a migrantes indocumentados. Estos mueren por miles tratando de cruzar el Mediterráneo y sólo recientemente Europa autorizó acciones de rescate.
El Estado Islámico ocupa territorios y cristaliza la fragmentación de comunidades nacionales, provocando sólo tardías e ineficaces reacciones. El gobierno sirio ha asesinado a cientos de miles de civiles sin ninguna acción internacional efectiva. Hoy es aliado de Occidente.
Rusia contribuye a la partición de Ucrania, prácticamente sin consecuencias. Y el candidato republicano Donald Trump encabeza las encuestas con la promesa de expulsar a millones de indocumentados de los Estados Unidos.
Cuba lo esperado
La semana pasada, luego de 54 años, la Embajada de los Estados Unidos
en La Habana reabrió sus puertas e hizó su pabellón de manos de John
Kerry, primer Secretario de Estado que visita Cuba desde 1945. ¿Cabía
esperar que esto ocurriera?
Probablemente sí. La política de los Estados Unidos hacia Cuba, una de las pocas reliquias 'intactas' de la Guerra Fría, al igual que Corea del Norte y muy pocos casos comparables difíciles de encontrar, fue reconocida reiteradamente como un fracaso.
Muchos autores -de posturas políticas e ideológicas diversas- lo han planteado. Más allá de ser extemporánea, probadamente ineficaz y fuente de un sufrimiento inaudito para una población victimizada y acreedora de un cierto grado de heroísmo, la política de los Estados Unidos hacia Cuba le ha otorgado pocos beneficios, ha sido fuente de deshonra y a la vez uno de los principales motivos de enemistad y distanciamiento entre la principal potencia global y sus vecinos regionales.
El legendario líder de la Revolución Cubana, que justamente en esta ocasión celebra su 89° cumpleaños y recibe la visita de Evo Morales y Nicolás Maduro, ha hecho un uso astuto y reiterado a lo largo de décadas de esa asimetría de poder y de la torpeza estratégica de los Estados Unidos para beneficio de su política interna y de su imagen internacional.
Sin embargo, la reconstrucción de las relaciones diplomáticas acarreó un hecho que pocos esperaban. Probablemente, Cuba no lo haya pedido oficialmente ni impuesto como condición para el avance del acercamiento diplomático, pero el gobierno de los Estados Unidos decidió no invitar al acto oficial de reapertura de la Embajada a sus aliados históricos, los disidentes cubanos.
Cabe suponer que el impacto positivo en la comunidad latina de los EEUU que tendrá el restablecimiento de las relaciones con Cuba, neutralizará la reacción airada de la históricamente influyente
disidencia cubana. Habrá que ver el uso político que sin duda harán los Republicanos de la nueva situación y cada uno de sus detalles.
Probablemente sí. La política de los Estados Unidos hacia Cuba, una de las pocas reliquias 'intactas' de la Guerra Fría, al igual que Corea del Norte y muy pocos casos comparables difíciles de encontrar, fue reconocida reiteradamente como un fracaso.
Muchos autores -de posturas políticas e ideológicas diversas- lo han planteado. Más allá de ser extemporánea, probadamente ineficaz y fuente de un sufrimiento inaudito para una población victimizada y acreedora de un cierto grado de heroísmo, la política de los Estados Unidos hacia Cuba le ha otorgado pocos beneficios, ha sido fuente de deshonra y a la vez uno de los principales motivos de enemistad y distanciamiento entre la principal potencia global y sus vecinos regionales.
El legendario líder de la Revolución Cubana, que justamente en esta ocasión celebra su 89° cumpleaños y recibe la visita de Evo Morales y Nicolás Maduro, ha hecho un uso astuto y reiterado a lo largo de décadas de esa asimetría de poder y de la torpeza estratégica de los Estados Unidos para beneficio de su política interna y de su imagen internacional.
Sin embargo, la reconstrucción de las relaciones diplomáticas acarreó un hecho que pocos esperaban. Probablemente, Cuba no lo haya pedido oficialmente ni impuesto como condición para el avance del acercamiento diplomático, pero el gobierno de los Estados Unidos decidió no invitar al acto oficial de reapertura de la Embajada a sus aliados históricos, los disidentes cubanos.
Cabe suponer que el impacto positivo en la comunidad latina de los EEUU que tendrá el restablecimiento de las relaciones con Cuba, neutralizará la reacción airada de la históricamente influyente
disidencia cubana. Habrá que ver el uso político que sin duda harán los Republicanos de la nueva situación y cada uno de sus detalles.
viernes, 24 de julio de 2015
Fin de Mandato
El lunes pasado se reabrieron las embajadas de Cuba en Washington y
de los Estados Unidos en La Habana. Poco antes, Irán y los Estados
Unidos firmaban, junto con otras potencias occidentales, un acuerdo en
materia de armas nucleares, que entre otras cosas abre la posibilidad –a
futuro- de que se reabra la Embajada americana en Teheran.
Se trata de gestos inequívocos, y trascendentes, a dos de las comunidades más antinorteamericanas de todo el planeta –cada una a su manera. La política hacia nuestra región ha sido uno de los aspectos más deslucidos de la gestión de Obama, que se inició con una errónea postura frente a la crisis hondureña, siguió con intentos formales de aproximación muy poco productivos y finalmente cayó en una diplomacia vacía hacia quienes no se subordinan a la política de Washington. En lo positivo, Obama optó por gestos amistosos pero no muy transcendentes hacia Colombia y otros países del Cordón Andino y un foco de su política operativa contra el crimen organizado en Centro América, con resultados que han estado a la vista en estos días.
Pero Obama no tomó las decisiones de estas últimas semanas en situación de crisis –es decir, ante la necesidad de actuar frente a circunstancias amenazantes que tienden a agravarse. Más bien, se ha mostrado decidido a dejar su huella en la historia del primer tramo del siglo XXI y demostrar que el primer presidente afro-americano de los EEUU, sucesor de George W. Bush y por lo tanto heredero de una confrontación extrema con el mundo islámico y de muy poca afinidad con el mundo latino, no ha estado ocho ocupando el Salón Oval en vano. .
Hace menos de un mes, Obama tuvo también un par de victorias internas, con los fallos de la Corte Suprema que respaldaron sus políticas referidas a reforma sanitaria y derechos de la comunidad gay. Nada parecido a un final de mandato de creciente debilidad.
Se trata de gestos inequívocos, y trascendentes, a dos de las comunidades más antinorteamericanas de todo el planeta –cada una a su manera. La política hacia nuestra región ha sido uno de los aspectos más deslucidos de la gestión de Obama, que se inició con una errónea postura frente a la crisis hondureña, siguió con intentos formales de aproximación muy poco productivos y finalmente cayó en una diplomacia vacía hacia quienes no se subordinan a la política de Washington. En lo positivo, Obama optó por gestos amistosos pero no muy transcendentes hacia Colombia y otros países del Cordón Andino y un foco de su política operativa contra el crimen organizado en Centro América, con resultados que han estado a la vista en estos días.
Pero Obama no tomó las decisiones de estas últimas semanas en situación de crisis –es decir, ante la necesidad de actuar frente a circunstancias amenazantes que tienden a agravarse. Más bien, se ha mostrado decidido a dejar su huella en la historia del primer tramo del siglo XXI y demostrar que el primer presidente afro-americano de los EEUU, sucesor de George W. Bush y por lo tanto heredero de una confrontación extrema con el mundo islámico y de muy poca afinidad con el mundo latino, no ha estado ocho ocupando el Salón Oval en vano. .
Hace menos de un mes, Obama tuvo también un par de victorias internas, con los fallos de la Corte Suprema que respaldaron sus políticas referidas a reforma sanitaria y derechos de la comunidad gay. Nada parecido a un final de mandato de creciente debilidad.
viernes, 10 de julio de 2015
Europa y el futuro
La crisis griega pone en duda la integración de Europa. Los esfuerzos
de los líderes europeos continentales por mantener a Grecia dentro del
sistema no reflejan una preocupación por la situación ni el futuro de
este país sino por la viabilidad política y económica del proceso de
integración.
La reunión de los BRICS de estos días refleja un camino, una agenda y un modo de vinculación entre Estados y ciudadanías mucho más viables con respecto al futuro de la política y la economía internacionales que las propuestas de la Unión Europea. Es indudable que China se está preparando para liderar la economía global, con planes a 20 y 30 años, con miras a la viabilidad integral de lo que se propone.
Los textos estratégicos del gobierno de China de principios de los noventa -al menos los que se dieron a publicidad en ese momento- anuncian el estado actual de los asuntos globales y, sobre todo, el lugar que va a ocupar China en ese contexto. Se centran en los objetivos económicos de China y su agenda social, en un marco de oportunidad ante la ausencia de amenazas bélicas significativas, muestran una extrema prudencia frente a conflictos que no son propios y reflejan una búsqueda de armonía en el sistema internacional.
Esta visión contrasta con el ímpetu de la integración europea de aquellos años y su énfasis en la disciplina fiscal y la estandarización de los criterios de eficiencia estatal, sin referencia a los contrastantes niveles de productividad de las economías participantes. No es exagerado caracterizar tal actitud como desaprensiva respecto del futuro y de la inevitable concentración de capital financiero que esto implicaría, con efectos devastadores sobre los sistemas previsionales, educativos y de promoción social de los países más débiles.
La reunión de los BRICS de estos días refleja un camino, una agenda y un modo de vinculación entre Estados y ciudadanías mucho más viables con respecto al futuro de la política y la economía internacionales que las propuestas de la Unión Europea. Es indudable que China se está preparando para liderar la economía global, con planes a 20 y 30 años, con miras a la viabilidad integral de lo que se propone.
Los textos estratégicos del gobierno de China de principios de los noventa -al menos los que se dieron a publicidad en ese momento- anuncian el estado actual de los asuntos globales y, sobre todo, el lugar que va a ocupar China en ese contexto. Se centran en los objetivos económicos de China y su agenda social, en un marco de oportunidad ante la ausencia de amenazas bélicas significativas, muestran una extrema prudencia frente a conflictos que no son propios y reflejan una búsqueda de armonía en el sistema internacional.
Esta visión contrasta con el ímpetu de la integración europea de aquellos años y su énfasis en la disciplina fiscal y la estandarización de los criterios de eficiencia estatal, sin referencia a los contrastantes niveles de productividad de las economías participantes. No es exagerado caracterizar tal actitud como desaprensiva respecto del futuro y de la inevitable concentración de capital financiero que esto implicaría, con efectos devastadores sobre los sistemas previsionales, educativos y de promoción social de los países más débiles.
lunes, 22 de junio de 2015
Agenda Global
Ha habido pocos momentos en la Historia en que los Estados se
encuentren tan relegados en la Política Internacional. La encíclica del
Papa Francisco es un reflejo de ello y sintomatiza la brecha entre el
ejercicio de la política en el marco estatal y las prácticas de alcance
global por parte de otros actores.
Hoy la agenda global, que traza los ejes de la política internacional, no está constituida esencialmente por relaciones entre Estados sino por interacciones múltiples, en las que predominan otros actores. La cuestión climática, la pobreza, la desigualdad, la exclusión social son cuestiones fundamentales de la agenda global actual, que comenzó a estructurarse a lo largo de los años en que las guerras entre Estados y los procesos de descolonización fueron dejando el centro de la escena.
El Papa Francisco ha llamado la atención ante "la debilidad de la política internacional," señalando de este modo la probada impotencia de los Estados para atender los dramáticos problemas de la agenda contemporánea, muchos de ellos de índole estrictamente social, otros de índole socio-económico y algunos, fundamentales, de carácter global.
Al mismo tiempo, la corrupción en el manejo de los asuntos públicos se ha instalado como fenómeno de alcance global, que no diferencia en su magnitud a los Estados más avanzados de los sistemas de gobierno más precarios. En parte, esta estandarización de lo que, en definitiva, significa la denigración del sentido de lo público, está ligada a otro rasgo fundamental del sistema internacional contemporáneo, esto es, la creciente presencia y aumento exponencial del poder de las organizaciones criminales transnacionales.
Estas no sólo controlan conjuntos variables de actividades ilegales, desde el tráfico de drogas hasta la falsificación de marcas, pasando por el tráfico de personas, el secuestro extorsivo y el lavado de dinero. También ocupan territorios, penetran los sistemas institucionales, manejan información de inteligencia y desarrollan capacidades
militares que muchas veces superan la de las instituciones estatales que, con escasa eficacia, intentan hacerles frente.
Hoy la agenda global, que traza los ejes de la política internacional, no está constituida esencialmente por relaciones entre Estados sino por interacciones múltiples, en las que predominan otros actores. La cuestión climática, la pobreza, la desigualdad, la exclusión social son cuestiones fundamentales de la agenda global actual, que comenzó a estructurarse a lo largo de los años en que las guerras entre Estados y los procesos de descolonización fueron dejando el centro de la escena.
El Papa Francisco ha llamado la atención ante "la debilidad de la política internacional," señalando de este modo la probada impotencia de los Estados para atender los dramáticos problemas de la agenda contemporánea, muchos de ellos de índole estrictamente social, otros de índole socio-económico y algunos, fundamentales, de carácter global.
Al mismo tiempo, la corrupción en el manejo de los asuntos públicos se ha instalado como fenómeno de alcance global, que no diferencia en su magnitud a los Estados más avanzados de los sistemas de gobierno más precarios. En parte, esta estandarización de lo que, en definitiva, significa la denigración del sentido de lo público, está ligada a otro rasgo fundamental del sistema internacional contemporáneo, esto es, la creciente presencia y aumento exponencial del poder de las organizaciones criminales transnacionales.
Estas no sólo controlan conjuntos variables de actividades ilegales, desde el tráfico de drogas hasta la falsificación de marcas, pasando por el tráfico de personas, el secuestro extorsivo y el lavado de dinero. También ocupan territorios, penetran los sistemas institucionales, manejan información de inteligencia y desarrollan capacidades
militares que muchas veces superan la de las instituciones estatales que, con escasa eficacia, intentan hacerles frente.
viernes, 22 de mayo de 2015
Estado Islámico
El inesperado crecimiento y expansión territorial del Estado Islámico (EI) en Siria e Irak, recientemente manifiesto en la conquista de las ciudades de Palmira y Ramadi, reedita el desafío estratégico de organizaciones militares no estatales al sistema internacional.
En particular, este desafío tiene como destinatario a los Estados Unidos en su carácter de actor central del sistema internacional y principal promotor de iniciativas orientadas a proveer un cierto sentido de “orden” y de existencia de reglas, cuya transgresión implica consecuencias de algún modo serias o graves. Sin embargo, en el desempeño de ese rol, Estados Unidos ha exhibido reiterada ambigüedad, un alto grado de improvisación y una capacidad prácticamente nula de generar consensos.
Por su parte, los avances del EI no son erráticos. Responden a una estrategia y a objetivos que giran alrededor de gobiernos carentes de legitimidad, rodeados de alta inestabilidad y acechados por situaciones bélicas que no logran doblegar.
La ciudad de Palmira está situada a unos 250 kilómetros de Damasco, en una zona con importantes yacimientos de hidrocarburos y cuenta con cuarteles, un aeropuerto militar y la triste reputación de alojar una las cárceles más severas y sanguinarias del régimen de El Asad. A su vez, Ramadi, capital de la provincia de Al Anbar, está situada en el centro de Irak, a unos 100 kilómetros de Bagdad. Toda la información internacional disponible indica que el EI ejerce un férreo control sobre la población y el territorio circundante a ambas ciudades.
Estados Unidos ha tenido, frente a los sucesivos escenarios conflictivos de Oriente Medio una actitud ambivalente. Ha tenido reacciones tardías y llevado a cabo acciones que habitualmente quedan a medio camino, entre el repliegue y el fracaso total. Para una potencia de su magnitud y con el rol que en parte se atribuye a sí misma y en parte le generan las grandes ausencias en el sistema interracial, la noción predominante en la Casa Blanca y sus alrededores acerca de que “los Estados Unidos tienen que hacer algo, pero no pueden involucrarse demasiado” constituye una fórmula altamente inadecuada, que contradice las nociones estratégicas más elementales.
miércoles, 29 de abril de 2015
Mediterráneo
Desde la era de
los Egipcios, el esplendor de Grecia, la Antigua Roma y siglos más tarde el Renacimiento, el
Mediterráneo ha sido símbolo y escenario de vinculaciones comerciales,
políticas y culturales que dieron origen a nuestra civilización. Su geografía
es tan particular que ha permitido que a su alrededor florezcan pueblos y
culturas contrastantes y al mismo se produjera una fluida comunicación entre
ellas.
El Mediterráneo
ha sido motivo de inspiración y sabiduría para el arte, la música, la literatura,
la ciencia, la tecnología. Y ha sido escenario de grandes civilizaciones,
antecesoras y hacedoras de la nuestra. Pero hoy, frente a la desesperación y el
anhelo de una vida mejor y eventualmente un futuro para miles de jóvenes y
niños del Norte de Africa, se ha transformado en trampa mortal, en escenario de
tragedias y, más aún varios países de Europa tratan de transformarlo en barrera
infranqueable y ámbito de acciones militares de países que cuentan entre los
más avanzados del planeta contra una población civil desamparada y desahuciada.
Mientras el
Consejo Europeo intenta firmar acuerdos con países africanos para asegurar el retorno
de migrantes ilegales, el Comisario de Inmigración de la UE, Dimitri
Avramópoulos amenaza con “destruir los barcos de contrabandistas de almas.”
España es el país que más insiste en el uso de la fuerza militar para frenar y
disuadir a los migrantes europeos y rechaza que la UE suma misiones de
rescate a las tareas de vigilancia de su
órgano especializado.
Hay sin duda un
negocio mafioso detrás de la huida desesperada de los migrantes africanos. Pero
el método y el enfoque que han adoptado algunos países europeos resulta al
menos inadecuado y ha motivado un fuerte llamado de atención por parte la
ACNUR, la Agencia de las Naciones Unidas dedicada a velar por la situación de
los refugiados en todo el mundo.
lunes, 13 de abril de 2015
Cumbre de las Américas
La habitual ausencia de resultados concretos o anuncios trascendentes en el marco de las Cumbres Presidenciales ha hecho una tradición en los análisis de las Relaciones Internacionales el caracterizarlas como “ejercicios diplomáticos” sin valor alguno. En realidad, los resultados de tales “ejercicios” no salen a la luz al día siguiente o durante el encuentro, sino maduran silenciosamente a lo largo del tiempo.
Así ocurrió a lo largo de la Guerra Fría y con mayor asiduidad en los años siguientes a su fin, período en el cual los mandatarios de la OTAN definieron en tres reuniones sucesivas la “nueva arquitectura” de la seguridad europea y transatlántica, con claras proyecciones sobre Europa del Este, Asia y el Norte de Africa. También la invasión a Irak de 1991, la “primera” Guerra del Golfo, se decidió en una reunión Cumbre del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Nuestra región, luego de una serie de encuentros presidenciales de todo el Continente –serie iniciada con la Cumbre de Miami de 1994, que convocara el presidente Bill Clinton mediante una carta personal a
cada uno de sus colegas– acaba de consumar un conjunto de hechos trascendentes en el marco de la VII Cumbre de las Américas realizada en Panamá.
Como señalan diversos medios internacionales, el presidente Obama arribó a la Cumbre con el impulso que las tratativas con Irán y la nueva relación con Cuba le han dado a su política exterior y aprovechó el evento para relanzar su política hacia la región, luego de repetidos intentos fallidos –el primero de los cuales ocurrido, precisamente, en el marco de una Cumbre Hemisférica, la de Trinidad y Tobago en 2009.
La nueva vinculación de los EEUU con Cuba es, sin duda un hecho histórico –en realidad, la presencia de Cuba en una Cumbre Hemisférica es un hecho histórico, luego de décadas de suspensión
de la OEA y años, en un pasado más reciente de negarse a participar en los foros hemisféricos a pesar de ser invitada en forma persistente– y el cambio de actitud de los EEUU hacia Venezuela bien puede ser el
inicio de un nuevo camino en la relación bilateral, mientras, simultáneamente, 25 ex presidentes de Iberoamérica aprovecharon el encuentro para reclamar garantías democráticas al presidente Nicolás
Maduro.
Así ocurrió a lo largo de la Guerra Fría y con mayor asiduidad en los años siguientes a su fin, período en el cual los mandatarios de la OTAN definieron en tres reuniones sucesivas la “nueva arquitectura” de la seguridad europea y transatlántica, con claras proyecciones sobre Europa del Este, Asia y el Norte de Africa. También la invasión a Irak de 1991, la “primera” Guerra del Golfo, se decidió en una reunión Cumbre del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Nuestra región, luego de una serie de encuentros presidenciales de todo el Continente –serie iniciada con la Cumbre de Miami de 1994, que convocara el presidente Bill Clinton mediante una carta personal a
cada uno de sus colegas– acaba de consumar un conjunto de hechos trascendentes en el marco de la VII Cumbre de las Américas realizada en Panamá.
Como señalan diversos medios internacionales, el presidente Obama arribó a la Cumbre con el impulso que las tratativas con Irán y la nueva relación con Cuba le han dado a su política exterior y aprovechó el evento para relanzar su política hacia la región, luego de repetidos intentos fallidos –el primero de los cuales ocurrido, precisamente, en el marco de una Cumbre Hemisférica, la de Trinidad y Tobago en 2009.
La nueva vinculación de los EEUU con Cuba es, sin duda un hecho histórico –en realidad, la presencia de Cuba en una Cumbre Hemisférica es un hecho histórico, luego de décadas de suspensión
de la OEA y años, en un pasado más reciente de negarse a participar en los foros hemisféricos a pesar de ser invitada en forma persistente– y el cambio de actitud de los EEUU hacia Venezuela bien puede ser el
inicio de un nuevo camino en la relación bilateral, mientras, simultáneamente, 25 ex presidentes de Iberoamérica aprovecharon el encuentro para reclamar garantías democráticas al presidente Nicolás
Maduro.
jueves, 19 de marzo de 2015
Viejas y Nuevas Alianzas
Las viejas alianzas se han
desdibujado. Estados Unidos disiente con Europa acerca de Crimea, de Siria, de
Afganistán, de Libia, de Egipto y prácticamente de cualquier foco de conflicto
(donde el primero tiene intereses no declarados y una declamada responsabilidad
de preservar el orden internacional y Europa considera que debe atender primero
sus problemas internos). Con Israel, Estados Unidos disiente acerca de Irán y
de cuestiones internas que han llevado al Primer Ministro israelí a los propios
estrados del Congreso norteamericano.
Sin embargo, para las
cuestiones de fondo –las amenazas tradicionales, pasadas de moda pero nunca
descartables, y las nuevas amenazas, sobre las cuales se coopera en silencio y
se disiente en público– las viejas alianzas siguen vigentes. Lo que ocurre es
que han dejado de ser útiles para resolver las cuestiones actuales, en gran
medida ligadas al proceso de globalización.
La inmigración, legal e
ilegal, desde Africa y Asia hacia Europa y desde Asia y América Latina hacia
los Estados Unidos, las cuestiones raciales y religiosas, en Europa y en los
Estados Unidos, la cuestión ambiental y la cuestión energética –junto con el
especulativo comportamiento de Putin y la persistente pugna entre China y los
EEUU– el crecimiento exponencial del crimen organizado y el tráfico de drogas,
son todos problemas acuciantes de la agenda internacional para los cuales ni
las viejas alianzas ni los mecanismos tradicionales del sistema internacional
resultan de utilidad.
No es claro que a
vinculaciones internacionales novedosas, como los BRIC, corresponda
denominarlas “alianzas.” Pero su actualidad y utilidad en el nuevo contexto es
claramente contrastante con el debilitamiento de los vínculos forjados a través
de las dos guerras mundiales, sus horrores, y la subsiguiente Guerra Fría.
Desde su fin, sólo han predominado el desconcierto y una suerte de navegación
en aguas desconocidas y con intensa bruma.
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