Margaret
Thatcher aprovechó la guerra de Malvinas para blindar y legitimar políticas
regresivas que, de otro modo, hubiera sido muy difícil sostener sin enfrentar
un levantamiento social generalizado. Sobre esta base, Thatcher estableció un
mito, abonado por el partido conservador, acerca de su “mano de hierro” y su
capacidad de gobierno.
Desde
el punto de vista económico, los resultados fueron más que discutibles y, desde
el punto de vista social, absolutamente devastadores. Un académico argentino
radicado en el Reino Unido, ha señalado en estos días que atribuir a Margaret
Thatcher haber salvado al Reino Unido de una incontenible declinación económica
se asienta más en percepciones que en una realidad contundente, ya que el crecimiento
promedio del PBI durante su gobierno fue del 2,4 por ciento.
Desde
el punto de vista de nuestra realidad político social, la distribución del
ingreso, la equidad social y el empleo constituyen cuestiones de fondo. Desde
esa perspectiva, la evaluación de la política de Margaret Thatcher – idealizada
en otros contextos – no
puede eludir el hecho de que al final de su gestión, en el Reino Unido el
sector de más altos ingresos había multiplicado varias veces su riqueza y los
pobres eran mucho más pobres. La desocupación explícita o encubierta afectaba a
más de tres millones de personas. La legislación laboral había asumido un
carácter regresivo inconcebible en los años de posguerra y el país, básicamente
se había desindustrializado.
Quien
haya leído las noticias internacionales de estos días, puede apreciar las
dificultades extremas que sufre la economía del Reino Unido en estos momentos,
por razones en gran parte originadas en la gestión de Margaret Thatcher, en
particular, un sistema financiero totalmente desregulado y una deuda pública creciente.
No se trata de señalar estos aspectos para desviar la
vista del tema de la Guerra de Malvinas. Su desempeño durante el conflicto
bélico es conocido: mentiras y traiciones promovidas desde Londres para dividir
a los países de nuestra región y aprovechar enemistades históricas; empleo de
armas prohibidas por convenciones internacionales, hundimiento de buques fuera
de la zona del conflicto por orden explícita de la primer ministro.
El problema que tiñe la historia de esos años no es una u otra cosa, su ideología o su belicismo, sino la efectiva combinación que logró, con suma habilidad, debemos reconocer, de ambos términos de la ecuación.