viernes, 12 de abril de 2013

Thatcher


Margaret Thatcher aprovechó la guerra de Malvinas para blindar y legitimar políticas regresivas que, de otro modo, hubiera sido muy difícil sostener sin enfrentar un levantamiento social generalizado. Sobre esta base, Thatcher estableció un mito, abonado por el partido conservador, acerca de su “mano de hierro” y su capacidad de gobierno.

Desde el punto de vista económico, los resultados fueron más que discutibles y, desde el punto de vista social, absolutamente devastadores. Un académico argentino radicado en el Reino Unido, ha señalado en estos días que atribuir a Margaret Thatcher haber salvado al Reino Unido de una incontenible declinación económica se asienta más en percepciones que en una realidad contundente, ya que el crecimiento promedio del PBI durante su gobierno fue del 2,4 por ciento.

Desde el punto de vista de nuestra realidad político social, la distribución del ingreso, la equidad social y el empleo constituyen cuestiones de fondo. Desde esa perspectiva, la evaluación de la política de Margaret Thatcher – idealizada en otros contextos – no puede eludir el hecho de que al final de su gestión, en el Reino Unido el sector de más altos ingresos había multiplicado varias veces su riqueza y los pobres eran mucho más pobres. La desocupación explícita o encubierta afectaba a más de tres millones de personas. La legislación laboral había asumido un carácter regresivo inconcebible en los años de posguerra y el país, básicamente se había desindustrializado.
Quien haya leído las noticias internacionales de estos días, puede apreciar las dificultades extremas que sufre la economía del Reino Unido en estos momentos, por razones en gran parte originadas en la gestión de Margaret Thatcher, en particular, un sistema financiero totalmente desregulado y una deuda pública creciente.

No se trata de señalar estos aspectos para desviar la vista del tema de la Guerra de Malvinas. Su desempeño durante el conflicto bélico es conocido: mentiras y traiciones promovidas desde Londres para dividir a los países de nuestra región y aprovechar enemistades históricas; empleo de armas prohibidas por convenciones internacionales, hundimiento de buques fuera de la zona del conflicto por orden explícita de la primer ministro.

El problema que tiñe la historia de esos años no es una u otra cosa, su ideología o su belicismo, sino la efectiva combinación que logró, con suma habilidad, debemos reconocer, de ambos términos de la ecuación.