martes, 20 de noviembre de 2012

Lo que queda


Un rotundo “no” al pasado

En los últimos años, el sistema internacional inició una búsqueda de rumbo, tras el desconcierto generado por las guerras del presidente George W. Bush. Los últimos años de su presidencia fueron marcados por los errores de su política exterior, en particular la mal llamada “guerra contra el terror” y las evidencias más claras de tales errores fueron el nivel fenomenal de endeudamiento y déficit fiscal de la economía norteamericana, el creciente aislamiento de los Estados Unidos y el hecho de que la salida honrosa no apareció en ningún lugar, con un sistema internacional desarticulado por el ejercicio de una hegemonía militar carente de política.

En ese contexto, el presidente Obama despertó una expectativa tal vez exagerada, pero no infundada. En poco tiempo, logró un cambio de clima en las relaciones internacionales y los niveles de confrontación y desconfianza disminuyeron sensiblemente. En los Estados Unidos, por el contrario, se produjo una polarización política y social, incentivada por el creciente protagonismo de los sectores más radicalizados del Partido Republicano. Esto fue clave para el triunfo de Obama en las elecciones de la semana pasada.

Romney no fue un mal candidato. Pero el predicamento de los sectores radicalizados de su partido generó una gran resistencia en amplias franjas del electorado. A esto se sumaron ciertos logros económicos de Obama y, sin duda, el oportuno huracán pocos días antes de la elección que el presiente aprovechó con genuina vocación y gran aptitud política.

La crisis europea ofreció un telón de fondo que respaldó las políticas de Obama e incrementó la desconfianza por las fórmulas tradicionales de ajuste, recorte y achicamiento del Estado. En ese marco, el presidente recibió un amplio respaldo de los hispanos, las mujeres, los jóvenes y otras de las llamadas “minorías” que dijeron “no” a las fórmulas tradicionales de supuesta eficacia y marcados fracasos tanto en escenarios propios como ajenos.